29 de dezembro de 2010

Violencia en América Latina

La violencia creció en 2010 

en América Latina y se hizo

más cruel y ritual

SOFIA MISELEM / AFP

Los asesinatos aumentaron en número y crueldad en 2010 en América Latina de la mano del narcotráfico y de las pandillas, que suelen justificar sus atrocidades a través de ritos o creencias, convirtiendo a la inseguridad en la principal preocupación de la región. La matanza en agosto de 72 emigrantes clandestinos cuando iban hacia Estados Unidos en el noreste de México o los 37 muertos que dejaron operaciones recientes para controlar las favelas del Complexo do Alemao en Rio de Janeiro, son muestra de la complejidad que ha adquirido el fenómeno.
"Vivimos en una región donde la muerte violenta y la muerte lenta se transnacionalizó'', afirmó a la AFP Benjamín Cuéllar, director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana de El Salvador, tras subrayar que desde hace más de una década América Latina ostenta niveles de homicidios que duplican los de cualquier otro continente.
México, que tiene involucrado a su ejército desde hace cuatro años en el combate al narcotráfico, vivió su peor año de violencia no sólo por el número de homicidios -casi 15.000 según se desprende de las cifras oficiales- sino por su barbarie.
Esa crueldad ha quedado en evidencia con la frecuente difusión de videos y fotografías en portales de internet, que muestran ejecuciones de secuestrados, torturas de enemigos y el degollamiento de víctimas, en cumplimiento de ritos iniciáticos.
Uno de los capos del cártel La Familia Michoacana, Nazario Moreno, a quien el Gobierno dio por muerto tras un operativo a principios de diciembre, escribió una 'biblia' para sus seguidores, conocidos por amontonar y quemar los cadáveres de policías o por decapitar a sus víctimas y tirar las cabezas en lugares públicos.
En Brasil, durante el operativo militar en el Complexo do Alemao, fue recapturado Elizeu Felicio de Souza, "O Zeu'', uno de los condenados por el asesinato del periodista Tim Lopes en 2002 mientras realizaba un reportaje en esa favela, ejecutado a golpes de sable de samurai, siendo su cadáver posteriormente incinerado.
"Los sicarios son cada vez más jóvenes y despiadados, y actúan muchas veces respondiendo a rituales como la decapitación o desmembración de sus víctimas relacionados con cultos esotéricos'', aseguró Facundo Rosas, comisionado de Policía de México.
Detrás de la mayoría de los más de 3.100 asesinatos ocurridos este año en Ciudad Juárez, una urbe de 1,3 millones de habitantes fronteriza con Estados Unidos y considerada la más violenta de México, operan pandillas como Los Aztecas o Los Artistas Asesinos, convertidas en confraternidades del crimen, según las autoridades.
En Honduras, las autoridades atribuyeron a un enfrentamiento de la banda Mara Salvatrucha o MS-13 con sus rivales de la Mara 18 (M-18), la matanza en septiembre de 18 personas en una fábrica en San Pedro Sula.
Tres semanas después, en El Salvador, entró en vigencia una ley antipandillas que penaliza con 10 años de cárcel la pertenencia a esas organizaciones.
El ser sicario o narcomenudista "es la única puerta abierta'' para jóvenes sumidos en la miseria, señaló a la AFP el escritor Elmer Mendoza, autor de una serie de best sellers sobre narcotráfico y para quien no es sólo cuestión de pobreza.
"No se trata sólo de comer, de llevarse alimentos a la boca, sino que se tiene la necesidad de establecer un espacio de pertenencia a un grupo y que te admiren, que digan: 'Ahí va fulano'. Y eso lo vemos en México, en Colombia, en Brasil'', explicó. Ese sentido de grupo suele estar mezclado con el cumplimiento de rituales.
Por eso, los pistoleros mexicanos recurren al culto de La Santa Muerte: una representación de la muerte, con guadaña y vestida a la usanza de los santos católicos, que cuenta con entre dos y cinco millones de seguidores, según estimaciones no oficiales.
En Venezuela se hacen ofrendas a los santos de la 'Corte malandra' como Ismael Sánchez; los sicarios colombianos piden buena puntería a la virgen de Sabaneta; mientras que en Argentina los narcotraficantes son devotos de San Expedito, que multiplica sus imágenes.
"Se trata de una desviación de las religiones históricas hacia un seudocatolicismo y ocultismo, de modo que este tipo de personas esperan recibir los favores particulares'', en especial el dominio sobre la muerte, según Carlos Montiel, autor del ensayo "La Fe de los Sicarios''.
América Latina vive "una ola de criminalidad como nuestra región no había conocido'', admitió en agosto el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. ‘‘Hay una cantidad de ciudades en que es una verdadera epidemia'', deploró.
"Hace unos cinco años se hablaba por separado de narcotráfico; de maras, bandas o pandillas; de secuestradores; de contrabandistas o traficantes de migrantes, ahora todas esas violencias parecen estar convergiendo en organizaciones criminales sui generis'', explicó el mismo Insulza semanas más tarde a la AFP, en ocasión de un evento académico en México.


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